miércoles, 6 de abril de 2011

TLC UE-Mercosur frenado (LNAs? No... PAC!)

Unión Europea-Mercosur: dilemas en ambos lados del Atlántico

El análisis de Fernando Peirano *

 El Parlamento Europeo habría pedido que se suspendan las negociaciones con el Mercosur en medio de duras críticas a las supuestas distorsiones que generan la Argentina y Brasil a través de las licencias no automáticas (LNA) y otras barreras paraarancelarias.
Las "imperfecciones" que aún existen en la circulación de mercancías dentro del Mercosur limitarían el interés por concretar un acuerdo de libre comercio.
Sin embargo, la lectura del informe aprobado por el Parlamento de la UE el 8 de febrero, gira en torno del negativo impacto que tendría sobre el empleo rural y el sector agrícola cualquier medida que reduzca el nivel de protección que hoy existe. Los eurodiputados advierten que no permitirán que los agricultores sean la moneda de cambio en las negociaciones. El informe pone poca atención sobre los países del Mercosur, la contraparte del acuerdo. Sobre sesenta observaciones que se realizan, apenas cuatro aluden a Brasil o la Argentina.
No podría ser de otra manera, porque las LNA impuestas por la Argentina, afectan a menos del 10% de las importaciones que realiza nuestro país y sólo una fracción abarca al rubro alimentos. Al mismo tiempo, para el bloque europeo, la Argentina equivale al 0,3% del total de sus exportaciones.
Así como los parlamentarios europeos se muestran poco entusiastas del acuerdo, también deberían estarlo los países del Mercosur. Al menos en tanto siga existiendo la Política Agrícola Común (PAC).
Mientras que el acuerdo de libre comercio se preocupa en reducir aranceles, existe un complejo y generoso sistema de subsidios, créditos blandos y medidas paraarancelarias que atentan contra el ingreso de los productos agropecuarios al mercado europeo. A cambio, el Mercosur tendrá que favorecer el ingreso de bienes manufacturados europeos. En otras palabras, se trata de exponer los logros en materia de industrialización a cambio de eliminar uno de los tantos obstáculos que deberán seguir eludiendo los productos agrícolas para entrar en el mercado europeo.
La asimetría que existe entre ambos bloques, tanto el tamaño como la capacidad productiva, favorece a Europa, generará un flujo de comercio interindustrial, el menos atractivo en términos de desarrollo.
Las trabas para concretar el acuerdo EU-Mercosur deben buscarse en la propia Unión Europea y en especial en la emblemática PAC.
Si de distorsiones se trata, la PAC ha llevado a que más del 50% de los ingresos de los agricultores franceses correspondan a subsidios.
La protección arancelaria para la agricultura obstaculizó la inserción internacional de los países latinoamericanos y africanos durante décadas. La PAC está en proceso de revisión, pero desmantelar el esquema supone amplios costos que van más allá de la reconversión del empleo rural y las actividades agrícolas. Por ejemplo, acotar los alcances de la PAC podría afectar la cotización de la tierra y con ello la solvencia de los créditos que se han otorgado utilizando a ese activo como garantía. Una reducción rápida de los niveles arancelarios, tal como podría surgir de un acuerdo UE-Mercosur, podría tener consecuencias sobre el sistema bancario europeo tal como ocurrió en los Estados Unidos cuando las viviendas se desvalorizaron y dejaron sin respaldo a las operaciones financieras que sobre ellas se fueron multiplicando.
No es la primera vez que la agricultura causa tensiones en las relaciones internacionales entre América latina y Europa.
Hace pocos meses, una iniciativa del presidente francés también enrareció la reunión de ministros de Economía del G-20. Sarkozy propuso que la UE establezca un precio máximo a las materias primas agrícolas con la intención de frenar el alza de precios que sufren los alimentos en todo el mundo. Si bien la medida podía resultar simpática para el consumidor europeo, su efecto más importante era concretar una transferencia de la renta agrícola hacia el Viejo Continente.
Una vez más, se trató de una medida donde los beneficios son europeos y los costos caen sobre los países en desarrollo.
Las dificultades por avanzar en un acuerdo de libre comercio también reposan en la creciente deslegitimación del pensamiento ortodoxo.
En efecto: la contribución del libre comercio al crecimiento sólo tiene relevancia en el dogmatismo liberal. La histórica económica es elocuente. Los países que más han crecido lo han hecho a partir de otros motores, sin necesidad de cerrarse al mundo, pero tampoco abrazando aperturas descuidadas.
La inserción externa sigue siendo una dimensión clave del desarrollo sobre la cual se necesita ejercer una administración responsable del comercio exterior, utilizando tanto las herramientas arancelarias como una adecuada gestión del tipo de cambio.
Si el objetivo es expandir la economía, mejores resultados están mostrando las políticas con énfasis en la industrialización y la inclusión.
El dinamismo de Asia y América latina dan cuenta de ello y contrastan con la situación que viven los países europeos y los Estados Unidos, atrapados, aún, en la fase recesiva de la burbuja financiera.
El recurso de revitalizar la economía por la vía del comercio encuentra límites cada vez más próximos.
De hecho, en la propia IV Cumbre UE-Mercosur, mayo del 2010, se difundió que el acuerdo de libre comercio implicaba para la Argentina un impulso a su PBI de sólo el 0,5% y para Europa, del 0.1%; sin duda, un resultado agregado muy modesto en comparación con los problemas económicos y sociales que afectan a los sectores más vulnerables de uno y otro lado.

*Profesor de economía internacional (UBA y UNQ). Miembro de AEDA 

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