jueves, 1 de marzo de 2012

Le decimos NO a "Es lo que hay"

>> Por Pablo J. Mira *

>> Finalmente, parece que se ha encarado el camino hacia la sustitución de
>> importaciones. El carreteo tomó velocidad ante la potencial reaparición de
>> la restricción externa, aunque esta política todavía se ubica en el terreno
>> de la prevención y no de una respuesta de urgencia. De todos modos,
>> históricamente estos procesos rara vez se encaran mediante una política
>> organizada, mesurada y eficiente, porque esos programas de trabajo
>> infinitamente discutidos y rediscutidos finalmente nunca terminan por
>> llevarse a la práctica.

>> Más allá de lo que haya disparado la decisión, lo más importante de la
>> sustitución de importaciones son sus efectos sobre el complejo industrial
>> local. El cambio en el aparato productivo es un objetivo que parece
>> ampliamente compartido. Por supuesto, no faltan los que marcan
>> continuamente nuestros problemas estructurales, pero que a la hora de
>> atacarlos se oponen porque la sustitución es “ineficiente”; pero en
>> términos generales da la sensación de que hoy el termómetro político es el
>> adecuado para apuntar al desafío.

>> Tengamos en mente algunos potenciales obstáculos de una transición que es
>> difícil predecir cuánto durará. Primero, hay insumos y bienes de capital y
>> sus piezas que no serán reemplazables en el corto plazo, y que puede
>> convenir seguir importando a riesgo de que el costo productivo sea mucho
>> mayor. Producir energía localmente, por ejemplo, requiere importar para
>> construir nuevas centrales. Tampoco es fácil coordinar con precisión la
>> sustitución de bienes finales, sus insumos intermedios y los bienes de
>> capital necesarios para producirlos, ya que cada productor intermedio puede
>> querer asegurarse antes que tendrá una demanda concreta.

>> Segundo, no es fácil transformar importadores en productores. Al importar,
>> el problema productivo queda resuelto por otro país, y sólo es necesario
>> administrar razonablemente la comercialización. En los ‘90 miles de
>> productores pasaron a importar, y descubrieron las ventajas de ahorrarse
>> conflictos laborales. Convencerlos requerirá un tiempo.
>> Tercero, es esperable que transitoriamente la calidad de algunos bienes de
>> consumo no sea la misma que la de los importados, con estándares líderes en
>> el mundo. El efecto es de una sola vez, y tiende a concentrarse en las
>> capas de mayores ingresos.

>> Una de las críticas a la Industrialización por Sustitución de
>> Importaciones (ISI), que nació en los ’30, era que habría sesgado los
>> esfuerzos sobre el mercado interno, creando estándares de producción más
>> bajos y, en el mediano plazo, un límite a nuestra capacidad exportadora.
>> Pero lo cierto es que la ISI tuvo progresos en materia de exportaciones
>> industriales, que hoy se reflejan en una participación (medida en términos
>> reales) de 44 por ciento en el total de nuestras ventas externas. Esto se
>> logró gracias a un efectivo proceso de aprendizaje durante la fase de
>> protección a la industria local.

>> La ISI empezó con desventaja porque requería un cambio profundo en la
>> estructura productiva. Pero si en esa época había que empezar de cero, la
>> situación actual es bien diferente. Primero, si bien Argentina no es
>> considerado un país industrial, su producto industrial per cápita para el
>> promedio de los últimos años es de los más altos entre los países de
>> similar grado de desarrollo, y en América latina sólo lo supera México.
>> Argentina aventaja en este rubro al publicitado Brasil industrial en un 20
>> por ciento. Además, producimos y exportamos automóviles (a Brasil, pero
>> también a Europa), virtud que en América latina comparten sólo Brasil y
>> México. Estos registros no pretenden demostrar que Argentina es una
>> potencia industrial, sólo que no es cierto que estamos irremediablemente
>> destinados a ser un país agrícolo-ganadero.

>> Segundo, varios economistas industriales han destacado nuestra capacidad
>> para producir bienes con un razonable contenido tecnológico. Somos, en
>> términos relativos, una potencia nuclear y se está encarando uno de los
>> proyectos de radarización más avanzados del mundo. Los ejemplos del Invap o
>> nuestros logros informáticos no hay que interpretarlos como potencialidades
>> sectoriales específicas, sino como un indicador de nuestras facultades
>> educativas y tecnológicas en general.

>> Tercero, la producción de algunos bienes requiere de una infraestructura
>> adecuada. Si bien queda mucho por hacer, sobre todo en materia energética,
>> la inversión pública se ha reactivado definitivamente y está claro que el
>> Estado está para acompañar el proceso de sustitución mejorando la
>> disponibilidad de bienes públicos. Cuarto, el mundo ya no es el mismo. La
>> revolución de las comunicaciones y la información han significado que ya no
>> hay secretos en materia de desarrollo de técnicas avanzadas en ámbitos
>> variados que permitan alcanzar rápidamente el estado del arte en la
>> organización de la producción y en los estándares de calidad.

>> Aun cuando existan algunas trabas durante la transición, el punto de
>> partida es mucho más favorable que en otras experiencias. Así, cobra
>> especial peso haber decidido acometer con resolución la difícil tarea de
>> resolver algunos de nuestros problemas estructurales que, según parece, no
>> son tan difíciles de componer.

>> * Docente UBA.

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